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Enrique VIII, el padre de Isabel, había tenido dos hermanas
mujeres, Margarita y María que tuvieron cada una su
descendencia. Según las leyes de sucesión, si Enrique no hubiera tenido hijos
entonces los siguientes en la línea para heredar la corona habrían sido los
hijos de Margarita, la mayor, y luego los de María, la menor. Sin embargo, Enrique
sí había tenido hijos y ellos habían heredado, primero Eduardo, luego María y
ahora Isabel.
Isabel llegó al trono con la intención de quedarse porque se
consideraba hija legítima de Enrique VIII.
Sin embargo, la legitimidad, la religión y su soltería, fueron tres
temas que llevaron a algunos personajes de la realeza y de la nobleza a
cuestionar su derecho al trono y a reclamar su lugar como soberanos.
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María Estuardo |
Había tres pretendientes que tenían, por consanguineidad,
después de Isabel, derecho al trono de Inglaterra:
1) Por un lado estaba María
Estuardo, nieta de Margarita, la hermana mayor de Enrique VIII y por si
fuera poco hija del rey de Escocia, Jacobo V;
2) Por el otro estaban Catalina
y María Grey, nietas de María, la
hermana menor de Enrique.
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María Grey |
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Catalina Grey |
Estas tres mujeres reclamaron en algún momento el trono inglés.
En cuanto a María Grey, aparentemente sufría de enanismo, malformaciones y
tenía la espalda encorvada, por tanto para esas épocas era una candidata muy
poco popular. Catalina Grey por su parte cometió el error de casarse sin el
consentimiento de Isabel por tanto cuando esta lo supo la hizo encarcelar y
allí permaneció hasta su muerte a los 27 años. A todo esto se sumaba que María
y Catalina eran hermanas de Juana Grey, la famosa “reina de los 9 días” que
había sido utilizada para destronar a María Tudor (hermana de Isabel) y por
tanto Isabel las “miraba torcido desde el vamos”.
Con las Grey fuera de la escena, la única que tenía todavía
posibilidades de reclamar era María Estuardo y aunque en su momento Enrique
VIII había excluido a los Estuardo de la sucesión mediante un Acta, ésto no
impidió que María reclamara lo que ella consideraba que le pertenecía.
María nació el día de la Virgen en 1542 y fue la única hija
sobreviviente del rey Jacobo V de
Escocia y al morir él prematuramente se convirtió en reina de Escocia con
sólo 9 meses de edad en 1543. Por supuesto que al ser menor de edad María
gobernó con una regencia, es decir que otras personas gobernaban por ella hasta
su mayoría de edad. Primero, el regente fue James Hamilton III y en 1554 la
madre de María, María de Guisa, se hizo con el poder y gobernó hasta su muerte en
1560.
María y Francisco coronados reyes de Francia |
Cuando tenía sólo 5 años se iniciaron tratativas con Francia
para casar a María con el Delfín, el futuro rey Francisco y así, en agosto de
ese año, una flota francesa se llevó a la pequeña reina al continente mientras
su madre quedaba al mando del gobierno. María y Francisco se casaron en 1558,
ella tenía 16 años y él 14. Al año siguiente el rey Enrique II murió y así Francisco y María se convirtieron en reyes
de Francia.
Sin embargo, dos años después, en 1560, su marido Francisco
II murió repentinamente por una infección producida por una otitis y como no
habían tenido hijos la corona francesa pasó al hermano menor de Francisco,
Carlos IX, y María, sin tener mucho qué hacer en Francia regresó a Escocia a
recuperar su corona en 1561.
Cuando llegó a su país encontró al pueblo dividido por la
religión, la eterna lucha entre católicos y protestantes. Por un lado, estaba
ella a quien apoyaban los católicos y por el otro su hermano ilegítimo, Jacobo
Estuardo I, a quien apoyaban los protestantes. Pero para desilusión de la
facción católica María no se terminó de jugar por ellos y decidió tolerar el orden
protestante establecido y hasta mantuvo a su hermano como consejero real.
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María y Enrique Estuardo |
María era todavía muy joven cuando regresó a Escocia y a
diferencia de su prima Isabel, como ya veremos en los próximos capítulos, era
una mujer que disfrutaba de la compañía de los hombres, que deseaba estar
casada y hasta podría decirse que necesitaba un hombre a su lado. Por eso en
1565 se casó con Enrique Estuardo,
Lord Darnley, que al igual que ella, y como solía ser en las casas reinantes en
la que estaban todos emparentados, era descendiente de Enrique VII y además
católico. Este matrimonio tuvo dos consecuencias muy importantes: Por un lado,
la facción protestante se enardeció al ver a su reina que no sólo era católica
sino que ahora se casaba con un católico. Esto llevó a una rebelión liderada
por su hermano que fue finalmente aplacada por María. Por el otro, se ganaron
la ira de Isabel que al saber del matrimonio puso el grito en el cielo, porque
Estuardo era un noble inglés y por tanto sólo ella podía dar su consentimiento
para el matrimonio. Pero ¿Cuál era el verdadero problema de fondo para Isabel? Nada
más y nada menos que un hijo de María y Enrique Estuardo tendría un fuerte
derecho no sólo a la corona escocesa obviamente sino que también al trono inglés,
por la sangre de María y también por la de su esposo. Recordemos que Isabel se
negaba a casarse y por ende no tenía hijos que la heredaran, la perspectiva de
un niño con cualidades perfectas para heredar era el mayor peligro para nuestra
reina.
En 1566 nació el primer y único hijo de María y Enrique
Estuardo, Jacobo, en el Castillo de
Edimburgo, y para esas fechas iniciaron los problemas en la pareja real.
Estuardo comenzó a presionar a María para que esta le cediera el título de
“rey” y producto de los celos asesinó frente a María a su secretario personal
con quien pensaba que ella tenía un amorío. Esto provocó la ruptura definitiva
de la pareja y curiosamente tiempo después, mientras Estuardo se recuperaba de
una enfermedad, posiblemente sífilis, la casa donde este reposaba explotó y el
rey consorte fue hallado muerto en el jardín aunque se dice que su cuerpo
mostraba señales de estrangulamiento.
En 1568 María volvió a contraer matrimonio con Jacobo
Hepburn, IV Conde de Bothwell, a quien se consideró siempre autor del asesinato
de Estuardo. Una vez más los lores se levantaron en contra de la reina y a
pesar de que Maria acató las ordenes de los rebeldes aun así fue encarcelada y
finalmente obligada a abdicar a favor de su hijo Jacobo que tenia apenas un
año. María logró escapar del castillo donde la tenían cautiva disfrazada de
lavandera y tras sufrir una nueva derrota militar huyó a Inglaterra donde fue
apresada por oficiales de Isabel en el Norte.
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Retrato de María durante su cautiverio |
Seguramente María pensó, aunque erróneamente, que Isabel la habría
ayudado a volver a Escocia para imponerse como su soberana, pero,
lamentablemente, se equivocó. ¿Por qué? Por un lado, la facción protestante había
finalmente vencido en Escocia y esto beneficiaba o por lo menos dejaba muy
tranquila a Isabel y bajo ningún concepto habría ayudado a María a recuperar su
corona y que esta encima restaurara el catolicismo. Por otro lado, a la reina
de Inglaterra le convenía que la única persona con derecho real a su trono
estuviera en sus manos y que no pudiera desde Escocia reclamarle nada. Había
sin embargo otro problema que nuestra protagonista tenía que tener en cuenta.
Al igual que había pasado con ella cuando su hermana María Tudor había sido
reina, hoy María Estuardo podía transformarse en el objetivo de aquellos lores
que querían ver a Isabel humillada y sin su corona, lo más probable es que
María se convirtiera en el centro de futuros complots, como después sucedió.
Por esto, y muy por el contrario a lo que María esperaba, Isabel la encerró y
la mantuvo cautiva durante 18 años.
Si tuvo María, en un principio, intenciones de complotar en
contra de Isabel no se tiene certeza absoluta, sin embargo, lo más probable es
que no haya sido esa la idea original. Pero a medida que pasaban los años María
se dio cuenta de que si no hacía nada iba a permanecer presa durante toda su
vida pues la reina de Inglaterra no tenía intenciones de ayudarla.
Tres fueron los complots en los que se implicó a María y que
las redes de espionaje de la reina desmantelaron. Primero se dio el Complot
del Duque de Norfolk por el cual se intentó casar a María con el lord más
adinerado de Inglaterra con lo cual, si había hijos, el reclamo al trono inglés
habría sido extremadamente fuerte; luego el Complot Throckmorton que
buscó destronar a Isabel y poner en su lugar a María y finalmente el Complot
Babington del cual se piensa que si bien conocía de su existencia, ella
nunca participó, aunque aparentemente se halló una carta donde daba su
consentimiento para asesinar a Isabel.
A todo esto se sumó el hallazgo de las llamadas “cartas del
cofre” donde según las investigaciones de la época María quedaba comprometida
en el asesinato de su segundo marido, Enrique Estuardo (el que había explotados
por los aires).
Si bien el Parlamento inglés había presionado a Isabel desde
el minuto cero para que juzgara y condenara a María, la reina no podía evadir
el hecho de que su prima era también una reina, ungida por Dios, que las dos
eran pares y que por tanto no podía decidir sobre su vida o su muerte. Los años
pasaron y los complots, verdaderos o no, se sucedieron uno tras otro hasta que
Isabel no pudo evitar más tomar una decisión, cosa que le costaba muchísimo,
pues se caracterizaba por la indecisión, y en esta cuestión fueron 18 años de
dudas.
María era una reina y allí yacía el conflicto. Finalmente,
luego de mucha presión Isabel decidió que se iniciara una investigación por el
asesinato de Estuardo y por eso fue llevada a juicio donde las famosas cartas
del cofre fueron utilizadas como pruebas. María declaró que como reina soberana
no estaba obligada a obedecer las leyes inglesas ya que ella sólo respondía a
Dios. Sin embargo, y a pesar de las dudosas pruebas en su contra, María fue
hallada culpable por el asesinato de Enrique Estuardo, su segundo marido, y por
su implicancia en el complot Babington. Se dice que Isabel sufrió muchísimo al
firmar la Orden de Ejecución.
María fue decapitada el 8 de febrero de 1587 y murió como una
mártir católica. Su muerte tuvo consecuencias importantes para el reinado de
Isabel, pero eso lo veremos en los próximos capítulos.
A la muerte de Isabel, que murió sin hijos, la sucedió el
hijo de María, Jacobo, que unificó Escocia e Inglaterra bajo la misma corona. De
esta forma, la dinastía Tudor desaparecía y la Estuardo se preparaba
para reinar sobre Inglaterra.
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Tumba de María en la Abadía de Westminster donde la hizo colocar su hijo Jacobo luego de ser coronado rey de Inglaterra a la muerte de Isabel |
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Lic. Diana Fubini
Bibliografía
Rex, Richard, Elizabeth I, Londres, Tempus, 2003
Lee, Stephen J., The reign of Elizabeth I 1558-1603, Routledge, 2007
Ridley, Jasper, The Tudor age, Londres, Robinson, 2002
Weir, Alison, Henry VIII. King & court, Londres, Vintage, 2008
Imágenes extraídas de: